lunes, 22 de octubre de 2007

¿DÓNDE ESTÁS?

¿En qué rincón de esta constelación te escondes?
¿Por qué ya no vienes a susurrarme tus dulces palabras al oído?


Mi musa me ha abandonado...
O quizá es que nunca tuve una.


martes, 11 de septiembre de 2007

VEINTE AÑOS

Veinte años no es mucho, es cierto, y sin embargo es también toda una vida.

Ese era el tiempo que ella llevaba buscando, en vano, lo que nunca había tenido y siempre había deseado.

Lo buscaba, a veces con ilusión y vehemencia; otras desesperadamente y sin esperanza. Lo perseguía, a veces como si se tratara de un sueño; otras como si fuese algo factible de alcanzar.

Juró verlo en algún momento, incluso creyó llegar a tocarlo con la punta de sus dedos. Pero la verdad era que siempre terminaba deshaciéndose entre sus manos.

Se esforzaba en conseguirlo, cambiando su propia forma para conquistar lo que anhelaba.

A veces era dulzura, a veces rebeldía.
A veces vulnerable, a veces inmortal.
A veces era trascendental, a veces insustancial.
A veces seriedad, a veces diversión.
A veces era flexible, a veces categórica.
A veces hablaba, a veces callaba.
A veces era sumisa, a veces independiente.
…

Pero hiciera lo que hiciera, jamás lograba dar con esa persona: Aquella que supiera entenderla, que comprendiera sin necesidad de palabras. Aquella que estuviese en el lugar adecuado en el preciso instante, que se preocupara por ella. Aquella que la valorara de verdad, y que además potenciara sus virtudes. Aquella que diese por ella lo mismo que ella era capaz de entregarle: todo.

Y llegó un día en el que llegó la desesperanza.

Aquel frío verano, las nubes comenzaron a pintar en tonos grises cada rincón de la casa y cada suspiro en el aire, amenazando con ponerse a llorar en cualquier momento. Las ventanas de su habitación se volvieron opacas a la luz, impidiendo que ninguno de los tímidos rayos del Sol se colase entre las sombras.

Algo se había colocado justo encima de sus hombros, algo extremadamente pesado.

Estaba sola, como era costumbre desde hacía algún tiempo, y ya ni siquiera tenía ganas de seguir con su búsqueda. Se había dado por vencida.

Sin embargo, como suele decirse, todo llega cuando menos se espera. Por eso, precisamente aquel día, ella iba a encontrar lo que tan fuertemente había ansiado.

Apareció de repente, sin más, al final del pasillo: Una figura humana la observaba atentamente desde allí. La oscuridad no le permitía reconocer sus rasgos, pero la posición de su cuerpo parecía reflejar curiosidad y miedo al mismo tiempo. Algo en ella le era familiar, así que, casi sin darse cuenta, comenzó a avanzar en su dirección.

Para su sorpresa, la figura empezó a mover uno de sus brazos lentamente, siguiendo el compás y la inercia de sus pasos. Le estaba tendiendo la mano.

Y entonces llegó hasta ella. Fue en ese momento, al final de su camino, cuando descubrió que aquella mano era la suya, que aquella silueta no era otra que su silueta, y que estaba contemplando su propia imagen en el espejo.

Dicen que desde entonces, nunca más volvió a sentirse sola. Aquel fue el día que encontró a su mejor amiga.


jueves, 5 de julio de 2007

HASTA PRONTO

Decidí aprender a hacerme yo la maleta para poder vivir.

Hoy lloré… se me habrá metido un poco de arena, eso no es para mí.


I'm a big, big girl, in a big, big world...

miércoles, 4 de julio de 2007

DÍAS DE COLORES

Los días negros quedaron atrás,
pero los grises pronto llegaran,
y tengo miedo de que me dejes solo en el hielo
sin arropar,
y sienta frío.

Los días verdes quedaron atrás,
y los azules están al llegar,

y tengo miedo de que una marea me inunde
sin avisar,

y sienta frío

Frío
Y que los pájaros mueran sin ti
Frío
Las piedras lloren su sangre
de tanto frío
La gente sea cobarde
Frío
Y yo me muera sin ti







Los días rojos se murieron ya,
pero los blancos pronto nacerán,
y tengo miedo de que esta canción no te guste
si es para ti,
y sientas frío.

Los días marrones se esfumaron ya,
y los violetas nos visitaran,
y tengo miedo de que olvidasen la utopía
en el portal,
y sientan frío.

Frío
Y que los pájaros mueran sin ti
Frío
Las piedras lloren su sangre
de tanto frío
La gente sea cobarde
Frío
Y yo me muera sin ti

martes, 3 de julio de 2007

ME VOY

Me voy

Una mezcla de emociones se agolpa en mi pecho impidiéndome respirar: ilusión, esperanza, alegría, incertidumbre, tristeza, nostalgia… y hasta miedo.

Cuando comencé a preparar mi viaje, nada me asustaba, pero ahora todo el mundo me repite “ten mucho cuidado”, y a sólo unas horas de partir, no paro de preguntarme… ¿realmente correré peligro?


Supongo que siempre sentimos nuestro hogar como el lugar más seguro de todos, pero la realidad es que hoy en día, por desgracia, nadie se salva de la lacra del terrorismo. Además, si el destino decidiera que ha llegado mi hora, la muerte podría venir a buscarme tanto allí como aquí. Así que, ¿de que sirve preocuparse?

Me voy lejos, es cierto, y me voy a un lugar que dista mucho de lo que conozco, pero tal vez sea esto lo que necesite para seguir creciendo. Algo me dice que todo saldrá bien.

Al contrario que muchos, que andan con la barbilla bien alta, no me voy con la intención de cambiar el mundo. Yo no soy quién para darle la vuelta a nada, y menos a lo que no conozco. Al fin y al cabo, el que se cree con derecho a modificar algo, ¿no está dando por supuesto que su visión es la correcta, única y verdadera?

Tampoco me voy, como otros, con la prepotente alma de la caridad. Ellos tienen tanto que ofrecerme como yo a ellos.

Entonces, ¿cómo te vas, Marta?
Simplemente... me voy.

La vida me dio unos grandes ojos y una boca pequeñita, y no fue por casualidad. Fue para observar con detenimiento todo aquello que el mundo puede ofrecerme, fue para desnudar cada resquicio de esta vida antes de pronunciar cualquier palabra.

Así pues, me voy con los ojos bien abiertos. Me voy con ojos de descubrir.
Me voy con las manos bien abiertas. Me voy con manos de dar y recibir.

Algo me dice que todo saldrá bien.
Quién sabe, es verano, ¿no? Quizá, al fin, sea tiempo de cosecha.

miércoles, 27 de junio de 2007

LA CAJA DE PANDORA

Hoy que vuelto a ver aquella película que, aunque técnicamente hablando no es nada del otro mundo, sin embargo marcó mi vida: es la historia de un amor ¿imposible? entre una chica de clase alta y un chico bastante pobre, que comienza un verano en una ciudad costera de Carolina del Norte. Ambos se enamoran profundamente, pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial, las circunstancias de sus vidas y el destino caprichoso, los separará de tal forma que, en un momento dado, parecerá que finalmente todo terminará siendo un amor truncado. Ella se compromete con otro hombre y él reconstruye la casa donde se amaron, y vive allí, alejado del mundo.

Él simplemente la espera sin esperanza. Pero ella regresa para buscarle, porque sabe que no sentirá junto a otros lo que sintió junto a él, y que aunque haya salido de su vida, nunca podrá salir de su corazón.










Al final de la película, si uno no se ha dado cuenta antes, descubrimos que la voz en off, el hombre que narra la historia, no es otro que el propio protagonista, ya arrugado por el tiempo, que le cuenta a su esposa (con síntomas de alzheimer) la historia de amor que vivieron.

Un amor que se convertirá en polvo enamorado.

Recuerdo que cuando terminó la película, trastocada, me pregunté: ¿por qué no existirán amores así en la vida real?

Y entonces, pocos días después, él me respondió algo que nunca olvidaré: sí existen, solo que no tienen que pasar por situaciones como esa.

Y sencillamente, supe que era cierto. Es más, con el tiempo descubriría el amor verdadero a su lado. Ese que puede superar cualquier adversidad, que supera cualquier historia que el cine pueda contar, que supera incluso a la misma realidad.

La gente dice que sueño demasiado, que soy demasiado idealista... pero yo les contesto: vosotros no habéis bebido del amor eterno.

No sabéis lo que es amar con el cuerpo y el alma, sentir que el corazón te estalla en cada latir... Y no hablo de sexo, ni de enamoramiento, sino de la absoluta plenitud, de sentirte dichoso por la mera existencia de esa persona, de saber que jamás dejarás de amarla, de traspasar las barreras del tiempo y del espacio, de convertir en inmortal lo mortal.

Sé que existen amores así. Simplemente, lo sé. Así que, a todos aquellos descreídos, a los que piensan que el amor es cosa de unos días o de unos meses, a los que intentan convencerme de que nada es para siempre, les digo: ¿qué coño sabréis vosotros del amor verdadero?

No voy a rendirme a vuestra realidad particular, que no es la mía, y que no es la única y verdadera.

Los hombres que cambiaron la historia fueron aquellos que tenían grandes sueños, aquellos que lucharon por lo que creían. De modo que no voy a dejar de soñar. Tampoco de luchar.

La vida es más sencilla de lo que pensamos, aunque nos empeñemos en complicárnosla cada día. Sé que esto es algo más que un mero sueño. No voy a dejar de creer, porque creyendo encontré el mayor dolor, es cierto, pero también la mayor felicidad.

Vosotros los escépticos miráis y decís "¿por qué?”, pero yo me pregunto, “¿por qué no?”

No voy a dejar mis “idealismos”, porque entonces, simplemente no sería yo.

Vosotros podéis conformaros con el rollo de una noche. Derrotistas. Yo seguiré luchando por el amor para toda la vida. Cueste lo que cueste.


domingo, 24 de junio de 2007

QUERIDOS AMIGOS

Dicen que no hay mal que por bien no venga, y es verdad. Si dejar de hablar con mi antiguo grupo era el precio a pagar para poder conoceros, entonces nada salió caro.

Me acogisteis como a una más en el grupo, desde el primer día, y habéis sido, casi sin saberlo, mi balsita para no naufragar, y la prueba de que aún quedan personas que de verdad merecen la pena.

Me alegro muchísimo por todos vosotros, pero a la vez no puedo evitar sentirme muy triste. Hacía mucho tiempo que no encontraba a gente tan especial, y ahora que al fin la encontré, tengo que decir adiós.

Lo único que puedo lamentar es no haber pasado más tiempo con vosotros, pero eso es algo que no puedo cambiar. Sin embargo, sí puedo deciros que allí donde vayáis, yo estaré, y que cuando volváis todos, os estaré esperando con los brazos abiertos.

La melancolía empieza a hacer de las suyas y además odio las despedidas... así que no diré “adiós”, sino “hasta pronto”, amigos.

Os quiere,

Marta